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Día 17

Londres undergroundCarlos Contreras Legaspi

Sí fue el día más feliz. México festejó como nunca una jornada olímpica gracias a un hombre y a una mujer que son humildes, sencillos y no pierden la cabeza con un oro.

Luis Fernando Tena se despidió de mano de la mayoría de los reporteros que estuvieron en su conferencia de prensa, continuó dando entrevistas hasta que el motor del camión de México se encendió y sólo Marco Fabián, que venía del antidoping, salió detrás de él.

Quien sabe si aguante las ofertas que le vendrán para dirigir a un club en un futuro, pero él no será quien incomode a Chepo de la Torre, tal vez sean los propios aficionados que en caso de haber un tropiezo, pidan a Tena para la mayor.

Ayer Luis Fernando siguió recordando con modestia lo que significa jugar en Wembley, lo agradecido que está con su cuerpo técnico, habló de las lágrimas de emoción que lloró con su esposa e hijos, a los que no se atrevió a prometerles una medalla, pero se las regaló.

Es curioso el deporte olímpico, el entrenador no se lleva el oro colgado, pero nadie la vale más que él.

María del Rosario Espinoza vivió un ciclo glorioso en 2008, tal vez sólo Lorena Ochoa sabe lo que es dominar su deporte como ella lo hizo. En el camino a Pekín, fue campeona mundial y arrasó en su ruta al oro.

Pero el de 2012 fue diferente, se perdió los Juegos Panamericanos, le costó trabajo adaptarse a los petos electrónicos y dejó el campamento de la selección nacional con Jose Luis Onofre para entrenar por su cuenta.

María no cambió con el oro, fueron cuatro años de ser sencilla y un bronce tampoco va a hacerlo. Dos héroes que hicieron de esta jornada la mejor en muchos años de historia olímpica.

Postal británica

Se lleva un souvenir. Oribe Peralta tomó un balón en el vestidor y le pidió a sus compañeros que lo firmaran, quería tener un recuerdo de los 17 que le ayudaron a cumplir el sueño de un oro olímpico.

Puntualidad inglesa

Son muy respetuosos de las reglas, pero hoy jugó en su contra. El Comité Organizador cometió el garrafal error de no convertir la final en evento de alta demanda como la del tenis o la del basquetbol. El resultado: sólo 400 periodistas entraron a ver la final, 150 entre mexicanos y brasileños se quedaron fuera con el pretexto de la ley de bomberos, cuando era muy sencillo controlar los boletos.